Era el primer día de clases, me había cambiado de colegio para estar con mis amigos del barrio (me aburría a horrores en el colegio donde hice 1ro y 2do año). Es un desperdicio detenernos en preámbulos en plena era digital (es lo que nos quieren hacer creer); por eso os invito a una historia "preámbulo".
Llegué a las 7:30 al colegio, saludé a todos mis compañeros, los conocía a casi todos, menos a ella y a los que eran nuevos como yo. Me habían hablado de Morena un montón, que era la traga del curso, que se ponía la gorra de vez en cuando y que tenía un carácter que la hacía una mina complicada; pero con el tiempo saqué mis propias conclusiones y la defendía de esas equivocadas apreciaciones.
- Hola soy Tara
- Si ya te conozco, nos conocimos en el cumpleaños de Adela (admito que poner estos nombres a las historias me fascina), estuviste con Analía esa noche, Adela y Analía son mis mejores amigas, así que más o menos ya te tengo ubicado.
Pucha era cierto, la había conocido un mes y medio atrás, pero sin el guardapolvo no tenía el mismo carácter con el que se ganó mi corazón.
Cada vez que necesitaba una mano para aprobar los trimestres Morena estaba al pie del cañón, yo no tenía carpeta, tenía un collage de fotocopias de sus resúmenes (si algún profesor osaba pedirme la carpeta, tenía guionada una excusa en la que incluía la historia de una familia desgarrada por las addiciones de mi madre a los antidepresivos, Sorry má! pero era muy efectiva la historia que inventé)
Morena no salía nunca, hacía vida de Monasterio, leía mucho, le encantaba la literatura española, yo me la imaginaba como un personaje de los de García Lorca.
La estatura de Morena era lo que me gustaba en ese entonces, alta como yo, era hablarle a los ojos y bajar levemente la mirada para observar su boca y recorrer su sonrisa. Sin motivo alguno la llamaba por las tardes, siempre en plan amigos, la historia con Analía nunca significó nada para mi, pero para Analía se ve que si y muchas de las charlas derivaban en que Morena intentara convencerme de tener algo serio con su amiga.
Cómo me falló la puntería en el cumpleaños de Adela! Si hubiera afinado la puntería hoy seguramente estaría casado con Morena, tendríamos un varón llamado Ernesto y estaríamos juntando dinero para abrir una librería en San Martín de los Andes.
Aquella última vez que la vi, la abracé antes de que entrara a las fauces del colectivo, un beso en la mejilla y un "cuidate" se contrapuso a su "llamame". No la llamé, tener mi vida solucionada a los 25 años no fue nunca el plan.
Hoy Morena dejó de llamarme con ese radar que tenía para saber cuando no estaba bien, ni me llama para mi cumpleaños, ni me recuerda los cumpleaños de nuestros amigos en común, Morena encontró en un periodista de una revista de rock alguien que la corresponde y elige todos los días.
De Morena no tengo ninguna foto, qué alivio!
viernes, 12 de marzo de 2010
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